«La paleogenética y el origen de los vascos» artículo de nuestro autor Jesús Sebastián-Lorente publicado en La Tribuna del País Vasco.

Según las investigaciones paleogenéticas dirigidas particularmente por el genetista norteamericano David Reich ‒efectuadas a partir de 2010 y culminadas en 2015‒, la actual población europea provendría básicamente de una mezcla genética de tres poblaciones distintas: 1) los autóctonos, o nativos paleolíticos, cazadores-recolectores, hasta aproximadamente hace 9000/8000 años; 2) los agricultores neolíticos procedentes de Oriente Próximo que migraron hacia Europa hace 9000/8000 años, superponiéndose a la población anterior; y 3) los pastores nómadas yamnayas procedentes de las estepas pónticas que protagonizaron las belicosas migraciones y cruentas invasiones que tuvieron lugar en un período que tuvo lugar hace alrededor de 4500 años, pero que debió prolongarse durante varios siglos, antes y después de esta datación.

El problema que surge actualmente respecto a las fases prehistóricas con el auge de la paleogenética es doble: por un lado, se cuestionan las teorías “migracionistas” e “invasionistas” y se enfatizan los procesos de “difusión de ideas”, lo que pone en entredicho las supuestas oleadas migratorias de los agricultores próximo-orientales y las fantásticas invasiones de los pastores yamnayas sustituyendo a la población masculina europea y difundiendo las lenguas indoeuropeas (hipótesis que desmonto en mi libro Los Vikingos de la Edad del Bronce. Origen y etnogénesis de los pueblos indoeuropeos de Eurasia); y por otro, que resulta muy incierto –por no decir temerario– extrapolar los datos obtenidos de los análisis de ADN de un número reducido de individuos (antiguos y modernos) procedentes de asentamientos muy concretos, a unos porcentajes (no matemáticos, sino meramente estadísticos), pues una operación de gran magnitud exigiría la obtención de datos de un mínimo considerable de individuos, con muestras representativas de los distintos niveles prehistóricos (paleolítico, mesolítico, neolítico, calcolítico, bronce) y los utilizados en estas investigaciones son muy inferiores al mínimo aceptable.

Centrémonos ahora en el ADN antiguo de los vascos. Las primeras investigaciones paleogenéticas confirmaban que las poblaciones vascas descienden de agricultores del Neolítico europeo procedentes de Oriente Próximo en torno a 7000 años a.C. Estas poblaciones se mezclaron, en mayor o menor medida, con los cazadores-recolectores autóctonos del Paleolítico superior que encontraron en su camino, formando la base de la población europea en los alrededores de 4000 a.C. Las pruebas genéticas realizadas a individuos que habitaron en Atapuerca (Burgos), entre 5000 y 3500 a.C., muestran que las poblaciones analizadas estaban muy próximas genéticamente de los vascos modernos, por lo que es en esta época cuando habría que datar la etnogénesis vasca. Según estos estudios, el menor grado de mestizaje entre agricultores neolíticos y cazadores-recolectores paleolíticos estaría en la base de las poblaciones más diferenciadas como los vascos (y, en general, las poblaciones del área aquitano-pirenaico-cantábrica), los sardos y los fineses, poblaciones que, además, habrían escapado parcialmente a las oleadas de invasores procedentes de las estepas eurasiáticas (que, recordemos, es la hipótesis mayoritaria sobre el origen de los indoeuropeos), con mayor presencia en el Norte de Europa y gradualmente menor conforme descendemos hacia el Sur. Así que, aparentemente, en Europa no hay descendientes “puros” de los primitivos europeos, sino solo “mestizos”, en diversos grados, de los tres componentes poblacionales que hemos indicado más arriba. Solo algunas poblaciones con menor mestizaje, como los vascos, podrían ser considerados como los herederos de los primeros pobladores de Europa. En fin, nada nuevo, pero el “enigma vasco” ya no sería un misterio, sino un acontecimiento corriente de la prehistoria europea.

Otros estudios más recientes demuestran, además, que el genoma de los vascos no difiere del de otras poblaciones españolas, lo que da un vuelco a las ideas preconcebidas. Los vascos no son genéticamente diferentes de los españoles: esta es la conclusión del estudio de genética de poblaciones más completo realizado en España hasta la fecha. Los investigadores compararon los genomas de los habitantes de diez regiones y los resultados, publicados en la edición de internet de Human Genetics, no muestran variaciones significativas dentro de la población de la península ibérica. Conclusión: los vascos no pueden considerarse un grupo genético aislado y las teorías sobre su origen deben ser revisadas, afirmaban los autores del estudio (dirigidos por Jaume Bertranpetit, investigador de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona).

Estudios anteriores sugerían que los vascos habían vivido aislados durante siglos y que no se habían mezclado con otros pueblos ibéricos. Hace veinte años, el propio Bertranpetit había sido uno de los principales defensores de la diferencia genética vasca. En aquella época, se basaba en el análisis de los marcadores genéticos clásicos de la sangre, como el famoso RH negativo, que parecía distinguir a los vascos de otros pueblos europeos. Pero a partir de 1991, los avances en las técnicas de secuenciación permitieron estudiar muchos más marcadores genéticos y Bertranpetit y su equipo descartaron el factor RH y el resto de marcadores clásicos porque no sirven para trazar la historia de las poblaciones. Cuatro años después, un nuevo estudio de Bertranpetit demostró que el ADN mitocondrial (transmitido solo por la madre) de los vascos y otros españoles era muy similar, si no idéntico, lo que indica una gran proximidad de sus linajes. Y no solo estas diferencias eran residuales entre vascos y el resto de los españoles, sino también en relación con los franceses del sur y con parte de los norteafricanos.

Se analizaron casi 300.000 marcadores llamados SNP (simple nucleotide polymorphism), repartidos por todo el genoma, marcadores que corresponden a variaciones genéticas específicas y permiten deducir el origen de un individuo. Los investigadores dividieron España en diez zonas y tomaron muestras de ADN de treinta individuos de cada zona cuyos cuatro abuelos eran de esa región, condición necesaria para obtener la mayor representatividad posible. A continuación, se analizaron y compararon las 300 muestras y el resultado concluyente fue que las pruebas no mostraron diferencias significativas entre los vascos y los demás españoles. Y aunque las diferencias no eran estadísticamente significativas, sí que encontraron algunas peculiaridades: aquellos cuyo ADN destacaba más por sus peculiaridades eran los extremeños, seguidos de los valencianos y, en tercer lugar, los vascos.

Según este gráfico, los componentes genéticos del País Vasco serían los siguientes por orden de importancia: en primer lugar, el componente de “cazadores-recolectores” paleolíticos (autóctonos); en segundo lugar, el componente de “agricultores” neolíticos (próximo-orientales); y en tercer lugar, de forma casi residual, el componente “indoeuropeo”.

Además, los científicos compararon sus datos con el ADN de franceses analizado en el marco del “Proyecto de Diversidad del Genoma Humano” y descubrieron que los vascos españoles eran más parecidos a los españoles de otras regiones estudiadas que a los vascos franceses que vivían al otro lado de los Pirineos. Para Hafid Laayouni, investigador de la Universidad Pompeu Fabra y colaborador de Bertranpetit, se trata del estudio genético más detallado de las poblaciones españolas realizado hasta la fecha. Así, pues, los marcadores SNP indican que los vascos se han mezclado más con otras poblaciones de lo que se pensaba, hasta el punto de poder afirmar que ya no se distinguen de la mayoría de los españoles pues, según Laayouni, si hubieran permanecido realmente aislados, esto se habría reflejado en todo el genoma.

Por otro lado, en el marco del programa “Origen del Hombre, Lenguas y Lenguajes”, puesto en marcha por el CNRS en 2005, un equipo de científicos quiso trazar la historia del pueblo vasco utilizando las nuevas técnicas y conocimientos desarrollados en genética de poblaciones. A lo largo de cinco años, se recogieron mil muestras de sangre en una vasta región que se extiende desde Bigorra hasta la provincia de Cantabria en España, pasando por la Chalosse hasta el extremo sur de Navarra. Para que el estudio fuera lo más pertinente posible, se extrajo sangre de una muestra bien seleccionada de la población: 1.000 personas donaron parte de su sangre a la ciencia. El perfil de estos donantes: hombres ‒ya que el estudio requería el análisis de los cromosomas X e Y, y el código genético del individuo masculino lleva el par cromosómico XY, mientras que el femenino tiene el par XX‒ en torno a los sesenta años, cuyos padres y cuatro abuelos procedieran de la misma zona geográfica y lingüística. Estos individuos fueron seleccionados por los investigadores de IKER, el centro de investigación sobre la lengua y los textos vascos, un trabajo dirigido por Beñat Oyarçabal. El ADN fue extraído por los técnicos del laboratorio del hospital de Bayona y enviado al Instituto Pasteur de París, donde se analizó el cromosoma X y al Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona, donde se analizó el cromosoma Y.

La sangre de estos vascos de ambas vertientes del Pirineo, junto a individuos del Bearn, Bigorra y otros de Cantabria, La Rioja y provincia de Burgos, reveló el carácter antiquísimo de los rasgos genéticos de las poblaciones de esta zona aquitano-cantábrica, pues, de hecho, los análisis de ADN revelaron trazas genéticas anteriores al Neolítico. En otras palabras, en los inicios de la agricultura en Europa, esta gente ya poblaba el País Vasco y los territorios adyacentes. Para comprender este poblamiento tan antiguo hay que considerar que, con anterioridad al poblamiento general de Europa, el continente experimentó una era glaciar de 15000 años, lo que obligó a las poblaciones paleoeuropeas a refugiarse en el Sur con las implicaciones de aislamiento, variación y deriva genéticas que ello implica. Otra de las conclusiones del estudio es que la investigación muestra una cierta continuidad del poblamiento, lo que significa que estas poblaciones no solo son muy antiguas, sino que nunca habrían dejado de poblar esta zona aquitano-pirenaica-cantábrica. Sin embargo, el propio Beñat Oyarçabal, apasionado por la lengua vasca, niega el vínculo directo entre diferencias lingüísticas y diferencias genéticas.

El estudio divulgado por la BBC, publicado por la revista científica norteamericana PNAS (que edita los resultados de la Academia Americana de Ciencias) también respalda la opinión de que el ADN de vascos y españoles es muy similar. De hecho, los primeros agricultores ibéricos serían los ancestros más próximos de los vascos. El estudio se basa en el análisis de los genomas de ocho esqueletos humanos descubiertos en la cueva de El Portalón, en la sierra de Atapuerca, que vivieron allí entre 5500 y 3500 a.C. El resultado es que los vascos son, según este análisis, la población más próxima genéticamente con los individuos de El Portalón, que fueron los primeros agricultores neolíticos de Iberia, procedentes en origen de Oriente Próximo y que asimilaron progresivamente a los grupos de cazadores-recolectores paleolíticos. La particularidad vasca es que estos ancestros (no solo de los vascos, sino de gran parte de la mitad norte de la península ibérica) se encontraron relativamente aislados a causa, seguramente, de su situación geográfica, hecho por el cual también fueron parcialmente ignorados por las migraciones indoeuropeas que configuraron los modelos genéticos en el resto de Europa sobre la base de los tres componentes genéticos (ver supra).

Que los vascos sean, según la ciencia paleogenética, una parte de la población más antigua de la Península Ibérica, junto a sus poblaciones vecinas, nos reenvía inevitablemente ‒pese a quien le pese‒ a la hipótesis del “vascoiberismo”, teoría-tabú que no vamos a desarrollar aquí por ser ampliamente conocida, debatida y controvertida, pero que sigue gozando de buena salud fuera del radio de influencia de las instituciones vascas. Decir solamente que la teoría del sustrato vascón propuesta por el lingüista alemán Theo Vennemann defiende que muchos idiomas de Europa Occidental contienen restos de una antigua familia lingüística, de la que la lengua vasca sería la única superviviente, es decir, que no solo el protovasco y el íbero, sino otras varias lenguas europeas del Oeste, surgieron en el seno de un mismo estrato poblacional que se dispersó tras el periodo glaciar desde el refugio de la Península Ibérica hasta llegar a las Islas Británicas, expansión que coincide con la homogénea distribución de los haplogrupos R1b (ADN-Y, transmitido por vía paterna) y H (ADN-mt, transmitido por vía materna) predominantes entre vascos, aquitanos, británicos e irlandeses (con algunos rasgos antropológicos propios, pero no exclusivos, en las zonas pirenaicas, como el haplogrupo mitocondrial V). Por su parte, el profesor de genética Stephen Oppenheimer demostró, hace ya algunos años, que una población genéticamente similar a la vasca actual habitó la mayor parte de la Europa atlántica y nórdico-occidental hace al menos 15000 años: fueron los constructores de los megalitos.

No puedo dejar aquí de citar a Martín Almagro Gorbea (Los orígenes de los vascos, Etnogénesis del País Vasco), según el cual los habitantes del País Vasco antiguo, autrigones, caristios y várdulos, así como sus vecinos cántabros y astures, eran poblaciones célticas o, al menos, celtizadas, procedentes de las culturas centroeuropeas de carácter protocéltico (por tanto, indoeuropeo), lo que derriba la creencia de la especificidad antropológica de los vascos actuales frente al resto de las poblaciones vecinas indoeuropeizadas. Frente a estas poblaciones del País Vasco, los auténticos vascones habitaban en los Pirineos, un “islote cultural” que permitió conservar la lengua vasca rodeada de lenguas indoeuropeas y construir así el mito del nacionalismo vasco. La “vasconización” de los territorios que actualmente forman parte del País Vasco comenzó y culminó durante la dominación romana con gentes procedentes de la Aquitania francesa y del Pirineo navarro. Sin embargo, como subraya Almagro Gorbea, los vascones de áreas más abiertas y urbanas, como el Valle del Ebro, al igual que autrigones, caristios, várdulos y berones del País Vasco, norte de Burgos y La Rioja, se romanizaron como los restantes pueblos circundantes, adoptando plenamente la lengua y las costumbres latinas.

Distribución de los antiguos pueblos “célticos o celtibéricos” en el territorio del actual País Vasco

En fin, el genetista Lluis Quintana-Murci ha estudiado las diferentes mutaciones genéticas presentes entre los habitantes del País Vasco, llegando a concluir que no forman un aislamiento genético. Simplemente, hay una mayor presencia de ciertas características típicas de los “europeos occidentales”. Aunque, sin estar aislados de sus vecinos, los vascos se han visto aparentemente menos influidos por las migraciones indoeuropeas y las aportaciones norteafricanas. Hoy en día, por tanto, hay consenso en decir que los vascos no son sustancialmente diferentes del resto de las poblaciones europeas en términos genéticos. De hecho, se podría incluso pensar que, si se hubieran encontrado las mismas especificidades entre los lombardos o los bretones, por ejemplo, no hubieran tenido la misma repercusión. Es la situación concreta del País Vasco, con su lengua no indoeuropea y una situación política particular, más que las presuntas diferencias, lo que ha suscitado la problemática cuestión de los orígenes de los vascos.  

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(c) La Tribuna del País Vasco

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