La Schutzstaffel (SS) es una de las organizaciones del siglo XX que más atención historiográfica, mediática, política e ideológica ha suscitado entre los estudiosos y los lectores. La singularidad histórica de esta organización, dirigida y transformada por Heinrich Himmler, reside probablemente en que nunca se concibió como una simple policía política, una fuerza militar o una burocracia estatal. Desde mediados de la década de 1930, la dirección de las SS desarrolló una ambición mucho más amplia: convertirse en el núcleo dirigente de una nueva comunidad racial germánica. Sus miembros no debían limitarse a proteger el régimen, debían encarnar el ideal humano del nacionalsocialismo. La selección biológica, la educación ideológica, la disciplina moral, la formación intelectual y la conciencia de pertenecer a una minoría elegida constituyeron elementos inseparables de este proyecto. Las SS aspiraban a formar una nueva aristocracia, no basada en la nobleza hereditaria tradicional, sino en una combinación de ascendencia racial, fidelidad ideológica y capacidad de liderazgo.
Los intelectuales SS no se consideraban inmorales ni injustos, la mayoría de ellos estaban convencidos de actuar en defensa de unos valores superiores. Lo que había cambiado era el marco dentro del cual se definían esos valores. La moral dejaba de centrarse en la dignidad universal del individuo para orientarse hacia la preservación y el fortalecimiento de la comunidad racial. La radicalización revolucionaria nacionalsocialista fue, en buena medida, el resultado de una profunda transformación de las categorías utilizadas para interpretar el mundo, construyendo un universo intelectual capaz de conferirle sentido. Y los intelectuales SS desempeñaron un papel fundamental en esta empresa.








